Misterios ocultos

en la magia de Tierradentro

Han pasado más de 1.500 años desde que una comunidad indígena desconocida dejó registro de su supervivencia cerca de Inzá, Cauca.
A pocos minutos de ahí, se encuentra La Pirámide, que es la cima de una montaña donde muchos dicen que la magia y la mística existen.
Por: Keka Guzmán
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Se siente la magia. La mística. La poesía. El pasado indescifrable. Los secretos. A solo 94 kilómetros de Popayán se encuentra Tierradentro, un paraíso natural y arqueológico que alberga miles de historias desconocidas y que de cierta forma expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de esta población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes.

 

Tierradentro es un lugar arqueológico de gran importancia. El territorio fue llamado así por los españoles en el siglo XVI no sólo porque se sintieron encerrados por la inmensidad de las montañas, sino también porque se trata de un terreno de difícil acceso. Sin embargo, más allá de ser una tierra furtiva, se preservan mitos y leyendas del pueblo nasa, anécdotas de campesinos y conjeturas de un pasado aún indescifrable. Actualmente está habitada por los indígenas nasa que la ocuparon antes de la llegada de los españoles y la defendieron de la invasión de los conquistadores.

Energías en la montaña

A pocos minutos de la cabecera municipal de Inzá, sobre el Alto de San Francisco, se encuentra La Pirámide, una elevación escalonada formada de grandes peldaños naturales de roca oropel, que en su parte baja tiene tres túneles o entradas que se dirigen al centro de la montaña.

Este espacio tan incierto, tan recóndito, tan misterioso, conserva una historia desconocida que, hoy, se ha convertido en un ícono arqueológico de Colombia. 

“No se sabe quién encontró La Pirámide; según el libro de la historia de Tierradentro, fue encontrada en 1820 y, ahí, pusieron de esclavos a los Guanacos y a los Nasas provenientes de la Plata, Huila. Después, nuestros antepasados la usaban para la adoración al sol, a la luna, al agua, teniendo la focalización hacia el Valle de las Ranas, los colores, la conexión, los sentires”, asegura José Findicué Ramírez, guía turístico de Tierradentro.  

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Para llegar a La Pirámide es necesario hacer el recorrido caminando y pasar por unos senderos que indican la ruta. El lugar es bastante cálido, lleno de flores, de colores y de olores. Y, al costado de la montaña, se encuentran tres túneles, todos se dirigen al centro de La Pirámide. Estos espacios están llenos de misterio. Se dice que en el primer túnel llegaron los españoles y pusieron una cruz como símbolo del cristianismo y dejaron libres a los esclavos. Ahora en ese túnel practican un ritual conocido como la liberación de las malas energías. Ahí, cualquier visitante, bajo las indicaciones de los guías turísticos, podrá sanar muchas cosas de su vida. 

El segundo túnel es el principal y fue donde se realizaron las excavaciones por parte de los españoles. Cuenta José Findicué que cuando llegaron los españoles tomaron como esclavos a los indígenas y los pusieron a cavar porque creían que ahí había un gran tesoro. No encontraron nada. La mina se encuentra mucho más abajo, en una chorrera encantada y hasta el momento la comunidad no la ha dejado tocar. Este túnel es bastante especial porque en él se puede generar una conexión con los del más allá, que pocas veces se practica porque es un tema complicado. 

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El tercer túnel es mucho más pequeño y, precisamente por esta razón, está cobijado con las raíces de algunos árboles. Las raíces bajan por la mitad del túnel y generan una vista fantástica. Hace poco lo habilitaron para los visitantes. 

Los túneles son lo más desconcertante y, a la vez, impresionante del lugar. Dicen fuentes del Instituto Colombiano de Antropología que, para realizarlos, se removieron dos mil toneladas de roca. La razón es incierta pero confirma que la pirámide fue importante como centro religioso durante su apogeo. Al mismo tiempo existe una reproducción de la misma en pequeñas proporciones en el Alto del Duende, en Tierradentro, y otra hallada en 1978 en la casa de la familia Gacharná, en San Francisco, a pocos kilómetros.

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Escuchar el paisaje

La historia siempre resulta incierta. Todo lo que se dice o se sabe se ha conseguido a través de las narraciones orales de los mayores. Lo único cierto es que, según sus habitantes, las energías de este lugar trascienden dimensiones. Se trata de algo inexplicable. 

Al subir a La Pirámide hay una laguna que “según nuestros ancestros, era un lavatorio de los pies para poder subir a la parte alta. Como se ensuciaba el pozo, la comunidad desocupaba el agua sucia, lo tapaba y al otro día aparecía lleno. Es algo místico, no sabemos cómo se llena el pozo, pero siempre mantiene agua”, dice Findicué.

Algunas de las piedras ya estaban ahí y otras las pusieron. En la parte de arriba hay una estatua acostada y unos huecos de tres o cuatro pulgadas que fueron hechos por los mayores para colocar las cruces en el día de la cruz. En uno de ellos encontraron una nariguera de oro que se encuentra en el Museo de Oro. Cuentan que las cruces no las pudieron volver a poner porque la energía del cerro generó electricidad y por los rayos: las cruces aparecían partidas o quemadas. 

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Desde allí la vista es maravillosa, se van las energías negativas, se sienten los sonidos, se escucha el paisaje, se invierten los sentidos. Es un sitio sobrecogedor y místico, cargado de un paisaje exuberante y una tranquilidad única. Se puede contemplar el gran cañón del río El Aguacate, una de las necrópolis de Tierradentro, y pareciera que el viento susurra a los oídos historias de un pasado cargado de cultura, riqueza, sufrimiento y dolor.

La Pirámide permite que la meditación cobre vida. Al estar ahí, cada quien hace su propio ritual. En realidad, deja sin palabras. Quizás, muchos duden de que estos sentires sean ciertos pero la magia se percibe. Y, ahí, todo termina siendo un enigma tangible, un antiguo resto de un tiempo inaccesible al recuerdo, a la historia y a nuestra comprensión.